Los mares del Sur. Actividad 25

Bloque 2. Actividades durante la lectura.

Actividad 25. Revelación (pp. 105-109)

“Se imaginó a su propio hígado como un animal corroído por el vitriolo. Como un puré de mierda y sangre que en su agonía le clavaría todo su dolor en el costado. Pero aún no le dolía. Tenía la cabeza y las piernas pesadas y una sed de desierto, una sed de agua desbordando la boca y precipitándose por el pecho. Mientras caminaba a oscuras hacia la nevera, se daba palmaditas en el hígado para calmar sus furias o agradecerle su paciencia. Nunca más. Nunca más. ¿Para qué? Se bebe esperando el clic que abre la puerta siempre cerrada.” (p. 105)

Actividad 1

Carvalho no ha dejado de beber en toda la novela. La fiesta con Fuster y Besser es tan sólo una gota más en el vaso siempre medio lleno que Carvalho lleva consigo. Tu siguiente actividad es informarte de los desmanes que produce el alcohol y escribirle una carta de doscientas palabras a Pepe Carvalho (un texto argumentativo) donde lo convences para que deje de beber.

Actividad 2

La ingesta masiva de alcohol ha producido en Carvalho también una extraña asociación de ideas que le conducen a plantearse el caso de otra manera. Quizás la presencia del cadáver de Stuart Pedrell en un descampado obedece a otras causas:

“-La otra cara de la luna. Se estaba diciendo algo a sí mismo. (…) La ruina de mapa quedó desplegada ante él como una piel de animal demasiado usado, con las junturas cansadas, casi rotas. Con un dedo señaló la zona donde habían encontrado el cadáver de Stuart Pedrell. La mirada viajó hacia el otro extremo de la ciudad. El barrio de San Magín. Un hombre muere apuñalado y a sus asesinos se les ocurre descontextualizarlo. Hay que llevarlo a la otra punta de la ciudad, pero también a un marco en el que su muerte tenga sentido, tenga paisaje humano y urbano adecuado. (…) Stuart Pedrell, ¿qué coño fuiste a buscar a San Magín? En taxi. O en autobús. No. En metro. Seguramente fuiste en metro para una mayor identidad entre forma y fondo del largo viaje a los mares del Sur. Y luego dicen que la poesía es imposible en el siglo veinte. Y la aventura. Basta coger el metro y puedes ir de safari emocional por un módico precio. Alguien te mató, te hizo cruzar de nuevo la frontera y te dejó abandonado en lo que para él era la otra cara de la luna. El alcohol se le convirtió en un ramaje de plomo que ocupó todas sus venas y se quedó dormido sobre el sofá, con el mapa de la ciudad definitivamente sesgado bajo el peso del cuerpo.” (pp. 106-107).

El alcohol le ha producido una revelación. O al menos es el artificio narrativo del que se ha valido Montalbán para explicarnos cómo su personaje descubre que quizás el asesinato de Stuart Pedrell tiene que ver más con el barrio de San Magín que con el lugar donde fue encontrado.

Estos efectos visionarios del alcohol han sido ampliamente comentados por escritores y algunos de ellos, tristemente, padecieron su adicción. Investiga y escribe un pequeño ensayo sobre literatura y alcoholismo de unas 200 palabras. Como primeras pistas, piensa en escritores como Edgar Allan Poe, Dovstoievski, Malcom Lowry o nuestro Rubén Darío.

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