Los mares del Sur. Actividad 30

Bloque 2. Actividades durante la lectura.

Actividad 30. Una noche en un ataúd. (pp. 129-134)

El apartamento de Antonio Porqueres/Stuart Pedrell es bastante funcional. Muy alejado del lujo y las fastos que leímos en la descripción de su anterior casa en El Putxet. Aquí la descripción, además de exhaustiva, casi parece un homenaje a un gran escritor francés, Georges Perec.

Se hizo la luz en el recibidor. En una nada de paredes desnudas y manchadas. Luego la luz descubrió un comedor-sala de estar con un tresillo de metal y tapicería de cuadros escoceses, metal pintado de negro y descascarillado, cuadros escoceses de irregulares descoloridos. Una lámpara de pie de madera torneada y papel encerado. Una herradura en una pared. En otra una valenciana tapándose los pechos con un abanico. Un banderín de Bultaco. Una caja de cerillas semivacía. Un cenicero en el que no se había eliminado del todo la ceniza sobre una mesita de centro. En una vitrina, cuatro copas de jerez y dos libros: El sentido del éxtasis, de Alan Watts, y Los felices cuarenta, de Barbara Probst Salomon. Luego aparecieron más libros dentro de una caja de embalaje situada junto a una cama plegable: Ciudadanos y locos. Historia social de la Psiquiatría, de Klaus Dörner; Francis Scott Fitzgerald, de Robert Sklar; Les paradis artificiels, de Baudelaire; El hombre de yeso, de Joseph Kessel; Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, de Maurice Joly; manualillos sobre Qué es el socialismo…, el imperialismo…, el comunismo…, y así hasta doce o trece, un libro del cura Xirinacs en catalán, Poesías completas de Cernuda. Estructura de la lírica moderna, de Friedrich. Al abrir la cama aparecieron sábanas y mantas plegadas con peste de humedades y meses. En la pared del dormitorio, un mapa del Pacífico y las costas de América y Asia, la boca de Asia a punto de morderle el culo a América. De nuevo los recortes de periódicos aquí y allá, pinchados en la pared por chinchetas, amarillentos, casi ilegibles. Notas políticas en torno al Pacto de la Moncloa, noticias muertas a fines de 1977 o durante 1978, aunque en menor cantidad, como si Stuart Pedrell hubiera pasado la primera fiebre de crear puntos de referencia en aquellas paredes extrañadas. En un armario un traje gris oscuro comprado en una sastrería de Hospitalet, un conjunto de chaqueta y pantalón de la misma sastrería, ropa interior, una corbata, un par de zapatos veraniegos de tela y esparto. La cocina era un desierto habitado por media docena de platos sobre el escurridor, una cafetera, dos tazas para calé, un bote con azúcar convertida en una bola compacta y otro con café molido descolorido. En la nevera, desconectada, se había producido el milagro de la rodaja de jamón dulce momificada e incorrupta. Un tarro de pepinillos franceses, conservados en vinagre blanco y granos de pimienta, daba la nota exótica arrinconado en el fondo de un estante de la nevera, junto a media pastilla de mantequilla jabonosa envuelta en papel de estaño. En la alacena encristalada, un paquete de arroz americano «Uncle Ben», un tarro de sopa juliana deshidratada, un paquete de café sin abrir, dos cervezas, doce botellas de agua mineral con gas, una botella mediada de jerez seco barato, una botella de coñac Fundador y otra de anís Marie Brizard. En la última, pequeña, habitación del apartamento, encontró una caja con cremas y cepillos para el calzado y otra de cartón con productos fundamentales de botiquín: aspirinas, mercromina, tiritas, agua oxigenada, alcohol, una lima de callos. En el cuarto de baño, un juego completo de toallas, una botella de gel de baño Moussel, Moussel, Moussel, de Legrain, París, piedra pómez, un albornoz blanco, pantuflas diríase que árabes, un fregasuelos muy usado. Recorrió otras tres veces la casa inventariando todo lo que veía. (pp. 130-131)”

Propuesta 1

Realiza el inventario de tu propia habitación al estilo en que el narrador enumera la de Antonio Porqueres. No olvides ningún detalle y agrega, si así lo consideras, los libros, discos y objetos que colecciones. No en vano, gran parte de lo que eres se refleja en esos objetos que has dado en denominar tuyos.

Propuesta 2

Stuart Pedrell pasó en esa habitación las noches de un largo año. Le bastaba recorrer unos kilómetros para recuperar todo lo que había sido durante cincuenta años y en cambio permaneció en aquella oscuridad, noche tras noche, interpretando el papel de un Gauguin manipulado por un autor fanático del realismo socialista, un autor cabrón dispuesto a castigarlo por todos los pecados de clase dominante que había cometido. Y ese autor era él mismo. Incapaz de sacar el lenguaje de sí, él mismo se había convertido en lenguaje. Vivía la novela que no podía escribir o la película que no podía dirigir. Pero ¿para qué público? ¿Quién tenía que aplaudir o silbar al final de la interpretación? Él mismo. Es un sufrido narcisista, había dicho el marqués de Munt. Mucha capacidad de desprecio se necesitaba para aguantar noches y noches esa soledad anónima, una soledad de amnésico. A Carvalho le había costado mucho convencerse de que valía la pena cocinar para uno mismo. Le costaba comprender cómo un hombre puede falsificar su papel sólo para sí, sin la posibilidad de comunicarse.” (p. 133)

En un ejercicio de literatura sobre sí misma, Vázquez Montalbán plantea la posibilidad de que Stuart Pedrell decide construir un drama: “el millonario que se redime iniciando de nuevo su vida en el barrio que él ayudó a construir” en el que él se erige protagonista y prisionero.

Sin los tintes dramáticos, ¿cómo sería la película de tu propia vida? ¿Qué elementos y qué personajes principales tendría? Escribe un texto esta vez narrativo, una sinopsis, donde plantees cómo sería “tu vida en serie o en película”. Sobre las 200 palabras.

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