Los mares del Sur. Actividad 20

Bloque 2. Actividades durante la lectura.

Actividad 20. Adela Vilardell (pp. 82-86)

Adela Vilardell es una de las amantes de Stuart Pedrell, posiblemente la más importante de todas las que frecuentaba. La descripción que de ella realiza el narrador es un tributo a su belleza no exento de ácida ironía sobre su clase social:

“Treinta años de ojos azul grises contemplaban a Carvalho, unos ojos que habían heredado todos los Vilardell del fundador de la dinastía, un traficante de esclavos en los años en que ya casi nadie traficaba con esclavos, que volvió a su ciudad con el suficiente dinero para ser conde y que lo siguieran siendo sus hijos. Ojos azul grises del abuelo, cuerpo de gimnasta rumana impechada, facciones de sensible esposa de violinista sensible, manos que debían de asir el pene como si fuera la flauta mágica de Mozart.” (p. 83)

Con ella, Stuart Pedrell practicaba toda una serie de excentricidades que le granjearon fama entre los círculos de poder de la oligarquía catalana.

“-Además, el señor Stuart Pedrell se dedicaba también a otras mujeres.

-A todas. Yo era la primera en darme cuenta. Bueno, la segunda, porque supongo que Mima, su mujer, me aventaja. No me importaba. Sólo me molestaba que se dedicara a ligar con niñas de párvulos.

-¿De párvulos?

-Hasta los veinte años, tanto los hombres como las mujeres tendrían que estar en parvularios.” (p. 84).

Sorprende inicialmente que Adela Vilardell no le dé importancia al hecho de la infidelidad de su marido. De su discurso se deduce que esto se da por asumido en un matrimonio, o al menos es lo que parece, según el autor, en los círculos de la alta sociedad catalana. Cabe recordar entonces la conversación sobre la doble moral que comenta Teresa Marsé en el capítulo anterior:

 

-“Sexualmente del señor Stuart Pedrell pasaba. Cuando le conocí yo era una virtuosa esposa de honrado industrial, asistente a reuniones de matrimonios católicos dirigidos por un tal Jordi Pujol. ¿Te suena?

-¿El político?

-El político. Un día a la semana nos reuníamos jóvenes matrimonios de la buena sociedad barcelonesa en torno a Jordi Pujol, para hablar de moral. Los Stuart Pedrell asistían a veces. Eran mayores que nosotros, de la edad de Jordi, pero escuchaban devotamente nuestras charlas sobre la vida cristiana.

-¿Eran muy carcas los Stuart Pedrell?

-No. No creo. Pero en las reuniones daban tono. Éramos jóvenes burgueses con inquietudes controladas, ni pocas, ni muchas. También se hablaba de marxismo y de la guerra civil. En contra, claro. En contra del marxismo y de la guerra civil. Lo recuerdo muy bien. Los martes nos veíamos en el Liceo. Los miércoles en mi casa o en la que tocaba, para hablar de moral. “ (pp. 79-80)

Jordi Pujol ha sido un político catalán fundamental en la época histórica conocida como la Transición. Su figura ha sido el gran referente político de los últimos años, forjador de la recuperación de la Generalitat Catalana. Como muestra el texto, era el referente moral en aquellos tiempos. Más tarde, sin embargo, los distintos acontecimientos y una confesión escrita respecto a una herencia le harían caer en desgracia. Las relaciones entre moral y política, si bien deberían ser siempre convergentes, en ocasiones difieren y devienen antagónicas. En la pasada década, los escándalos por corrupción fueron uno de los temas y preocupaciones fundamentales de los españoles.

Tras el testimonio de Adela Vilardell, escribe una pequeña reflexión sobre la “la moral, la política y las clases dirigentes”. En 300 palabras.

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